ENMONTAÑARSE POR LAS NUEVAS GENERACIONES Y LA NATURALEZA
Comunicación al Congreso Pirenaico Canal Roya 2026: https://canalroyacongreso.org/
17-19 Abril-2026. Jaca (España)
Borja Antolín Tomás (presidente de Mountain Wilderness España), Alba Martínez Picó (presidenta de Mountain Wilderness Catalunya), Fiona Mille (presidenta de Mountain Wilderness Francia) y Gabriella Suzanne Vanzan (presidenta de Mountain Wilderness Internacional).
Las montañas no son solo líneas concéntricas en un mapa topográfico donde colocar infraestructuras, son un espacio donde pueden convivir la naturaleza salvaje y las actividades humanas. Para los que hemos andado y habitado las montañas podríamos decir que, desde el punto de vista emocional, estas curvas de nivel concéntricas en el mapa topográfico son más bien curvas abiertas en el mapa de nuestros recuerdos, donde las líneas se entrelazan uniendo a las personas que aman estas zonas naturales con sus experiencias en el paisaje a través de las flores, crestas de granito, corredores de nieve, amistades, fósiles encontrados, acuarelas, noches bajo las estrellas, sarrios avistados y un largo etcétera. Las montañas salvajes son un espejo de nuestra civilización y desde hace 39 años nuestra asociación internacional, Mountain Wilderness, definió “wilderness” de montaña como “todo aquel entorno de altura no contaminado donde todo aquel que sienta la necesidad interior, puede experimentar el encuentro directo con los grandes espacios libres y disfrutar de la soledad, el silencio, los ritmos, las dimensiones, las leyes naturales y los peligros”. Así son espacios de exploración, descubrimiento, originalidad y fuente de creatividad y cultura.
En nuestro Pirineo la “wilderness” es una alfombra a retazos y desgastada. De oeste a este encontramos numerosos ejemplos de desprotección de las montañas. Entre ellos destacamos: Mina de magnesitas en Erdiz (Navarra), Telecabina Astún-Candanchu (Aragón), Telecabina Formigal-Astún por la Canal Roya (Aragón, foto 1), Mirador de la Raca-Astún (Aragón), abandono del Balneario de Panticosa (Aragón), Telecabina Benasque-Cerler (Aragón), Telecabina Valter para conectar el pueblo de Setcases con la estación de esquí de Vallter (Catalunya), prohibiciones en zonas de escalada (Catalunya), restos de basuras e instalaciones obsoletas (todos los Pirineos), ilegalidad de las actividades en motos de nieve en Barège/La Mongie (Hautes Pyrénées) o la mega-balsa en el Roc D’Aude para abastecer cañones de nieve de la estación de ski alpino de Les Angles (Pyrénées Orientales).

Desde hace aproximadamente 70 años las montañas están siendo colonizadas por el mundo industrial y creando productos de consumo, como toboganes mecanizados, competiciones antiecológicas o nuevos telecabinas con una visión muy marcada en el beneficio a corto plazo y negando la necesidad de adaptarnos a problemas actuales que acechan los Pirineos: aumento de las temperaturas medias anuales, pérdida de biodiversidad, masificación y pérdida de la calidad de vida de sus habitantes. Como ya diría hace más de 50 años el artista, fotógrafo, explorador y miembro de Mountain Wilderness, Samivel, estas estructuras solo tienen un propósito: una nueva forma de ganar dinero.
Por otro lado, cada vez necesitamos más las montañas para nuestra salud física y mental, para escapar del ruido y del estrés de una sociedad cada vez más unida a la tecnología digital y modos de vida rápidos. ”Vivimos en la era de la tiranía del ahora, las noticias veinticuatro horas, el último tuit y el botón de comprar ahora” según el filósofo Roman Kezarnik.
Desde Mountain Wilderness pensamos que estos espacios deben ser protegidos en vez de dañados, entre otras razones por un derecho cívico de las presentes y futuras generaciones a disfrutar de unas montañas y sus ecosistemas sin modificar. El problema reside en que estas instalaciones destrozan los valles y paisajes para las personas que quieren tener un contacto directo con la montaña. Además estas instalaciones generan una masificación de la zona natural salvaje que solo puede soportar un número determinado de personas para que no pierda su propia vocación de silencio y armonía. Hasta la masa más educada hace imposible el encuentro de cada una de estas personas con los valores más importantes de la “wilderness”: la soledad y su silencio.
Este riesgo se solucionaría a través de una reflexión previa: si sospechamos que cuando usamos estos medios artificiales para satisfacer nuestra curiosidad o capricho momentáneo suponen una destrucción del medio natural y que se está impidiendo que las personas que quieren tener una experiencia natural lo hagan, tenemos el deber moral de renunciar a su uso aunque estas razones nos parezcan ajenas y que no comprendemos del todo su significado. Como sugiere el italiano Carlo Alberto Pinelli, uno de los fundadores de Mountain Wilderness, una sociedad cívica debería ser bastante madura como para tener éxito sin pisotear los profundos sentimientos de unas minorías. Eduardo Martínez de Pisón, pirineísta referente en la protección de las montañas españolas dice que “cuando se contempla y admira un territorio como paisaje es elevado a un grado de civilización mayor”.
Pedir que algunos lugares particularmente significativos por su biodiversidad y calidad paisajística queden intactos no es un acto de egoísmo elitista, es una cuestión democrática que nos concierne a todas las personas que viven en las montañas y a las personas que viven en las ciudades.
¿Qué montañas quedarán para las generaciones futuras?
Lo anterior sigue siendo aún más importante cuando en vez de ver sólo con las gafas de cerca y una visión cortoplacista, nos ponemos a pensar en las nuevas y futuras generaciones de alpinistas, naturalistas, geólogos, ecólogos o amantes de las montañas. Ellas y ellos necesitan estos espacios para admirar, sorprenderse, explorar y habitar.
Es obvio, que no es lo mismo recorrer el valle de la Canal Roya viendo unas pilonas por el valle que estando sin modificar como en la actualidad (foto 1).
El contacto con la naturaleza sin modificar y el acercarse a ella de una manera auténtica sin medios mecánicos tiene un valor mayor que bajando de un tobogán de 3 km como el que se construye en Panticosa o mirando desde una terraza a la que se sube por un telesilla, ya que supone un esfuerzo personal y nos permite entrar en sintonía con la naturaleza. Este contacto auténtico crea un enlace afectivo, mejorando las capacidades sensoriales, nuestra propia confianza y la empatía con los seres vivos y el paisaje. Este último punto es crucial teniendo en cuenta la crisis de pérdida de biodiversidad y cambio climático que azota los Pirineos. El contacto con la naturaleza sin modificar es fundamental porque nos permite a mayores, y especialmente a la infancia y las y los jóvenes entender mejor estos y otros problemas medioambientales de una manera más accesible y personal. En el Pirineo estamos viendo en directo cómo desaparecen los glaciares de la primera cadena de montañas de Europa, en 10 años habrán desaparecido todos según modelizaciones del equipo Cryo Pyr (C.S.I.C.). Educar a los jóvenes en la naturaleza es ofrecerles mejores maneras de comprender y respetar el mundo que rodea a todos los seres vivos y qué mejor manera que darles la posibilidad de descubrirlos por ellos mismos.
Y es que si las generaciones futuras no conocen las montañas salvajes no las podrán disfrutar ni proteger, ya que lo que no se conoce no se puede proteger. Por ello desde Mountain Wilderness proponemos añadir en la Convención de Derechos de la Infancia aprobada por las Naciones Unidas en 1989 un artículo 55: el derecho a la naturaleza sin modificar. Es además importante no olvidar también que el alpinismo fue reconocido en 2019 Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO y definido como “el arte de escalar cumbres y caras de montañas con las propias fortalezas físicas, técnicas e intelectuales; de desafiar las propias capacidades y experiencia mientras se negocian obstáculos naturales y no artificiales; de evaluar y asumir riesgos medidos; de autogestión, responsabilidad y solidaridad; y de respetar a otras personas y sitios naturales”. Y “con sitios naturales” acaba la definición de este arte que necesita mantener estos espacios para nuestros niños y niñas, futuras y futuros alpinistas y exploradores, y cuya responsabilidad reside en los gobiernos de los países, las comunidades autónomas y en cada uno de nosotros y nosotras.
Proteger el bien común: ecología + economía + creatividad
Además pensamos que tiene que haber una consulta, hasta ahora negada por los presidentes de las comunidades, a todas las personas que son parte de la montaña, los que vienen de vacaciones, los que viven en ellas y las nuevas generaciones. Como ya dijo François Labande (fundador de Mountain Wilderness Francia) junto con Alberto Pinelli y Reinhold Messner: “nos toca también reconocer que tenemos que pensar en los sarrios, los rododendros y las mariposas para protegerlos; sin ellos la montaña es como un huevo vacío”.
La industria de las vacaciones nos hace creer que solo hay turismo cuando se hace en masa. Pero no es verdad, existe otro imaginario con propuestas que ya existen desde hace años en las zonas de montaña de toda Europa y que caminan paralelas con la naturaleza. Fiona Mille, presidenta de Mountain Wilderness Francia, en su libro “Reinventemos la montaña. Alpes 2030. Otro imaginario es posible”, explica cómo la propuesta de realizar los Juegos Olímpicos de Invierno en los Alpes Franceses será otro fiasco para la gente de los valles y propone desprendernos de una visión estrecha de la cultura concebida en un sentido consumista y antropocéntrico y desarrollar actividades económicas en armonía con la naturaleza y las futuras generaciones.
Ecología y economía pueden ir de la mano cuando la codicia de unos pocos se deja de lado. En los Pirineos tenemos ya muchos ejemplos: turismo ornitológico, restaurantes ecológicos, geoparques, museos paleontológicos, campamentos de verano, queserías sostenibles, ganadería y agricultura responsables, cursos de pintura de naturaleza, guías de montaña, pequeños festivales de artes escénicas y otros más que Eduardo Viñuales explica en La Guia de Turismo Sostenible del Pirineo Central.
La verdad es que hasta ahora son los intereses económicos los que han pesado una y otra vez más sobre la balanza y ya es hora de contribuir todos a equilibrar el lado ecológico.
El valle de Canal Roya (Aragón). Un espacio a proteger
¿Cuántas zonas de montaña hemos perdido ya por intereses económicos de unos pocos? Los valles de Castanesa, Espelunciecha se perdieron para ampliar estaciones de esquí alpino. Y Canal Roya ha estado a punto de perderse si no fuera por los cientos de personas que se manifestaron junto con asociaciones ecologistas, organizaciones, y el trabajo de la Plataforma en Defensa de las Montañas de Aragón – Asamblea Canal Roya (foto 5), que lucharon y luchan por este valle virgen pegado al parque Nacional de los Pirineos Franceses. El valle de Canal Roya, con 8 km de longitud, nace en La Rinconada (2100 m, foto 2), un circo glaciar realmente estético con dos de las montañas más bellas de los Pirineos a su alrededor: el Anayet y el Midi d´Ossau (foto 3). El problema para este valle reside en su localización entre dos estaciones de esquí alpino, Formigal y Astún, propiedad de la sociedad Aramón. Aramón es una sociedad anónima participada a partes iguales por el Gobierno de Aragón y el banco Ibercaja. Esta construcción va en contra del Plan de Ordenación de Recursos Naturales y el Convenio de Naciones Unidas sobre la evaluación de impacto ambiental en un contexto transfronterizo de Espoo (1991 y ratificado por España en 1997). Este telecabina de 3,6 km y con cabinas de capacidad para 10 personas cambiaría totalmente el paisaje del valle Siendo esta una zona muy transitada por montañeros nacionales e internacionales al pasar la senda GR11 por aquí (foto 2). Y no solo visualmente, es esperable que los cables afecten al sonido del valle y a la avifauna. Es pues precisa la declaración de Parque Natural a toda esta zona desprotegida.

Necesitamos la belleza de la montaña. Reconquistar una manera de pensar que no se apoye sobre una posición divergente en relación a la naturaleza. No vamos a renunciar a las montañas. Como ya dijo Carlo Alberto Pinelli “no dejemos pasar esta oportunidad que nos permite nuestro cerebro de Homo sapiens, no sean egoístas de pensar solo en su beneficio económico y piensen también en la montaña, sus seres vivos y su belleza”. Allí arriba hay un mundo de espacio abierto, aguas libres y animales ingenuos, un mundo que aún brilla, como decía Samivel. Depende de nosotros, y solo de nosotros, mantenerlo vivo. La lucha por mantener el valle de Canal Roya con toda su “wilderness” es ya un símbolo de la unión de las personas que aman las montañas del Pirineo. Sigamos unidas y enmontañadas oponiendo resistencia a los abusos y a la injusticia, por unas montañas llenas de naturaleza para las nuevas generaciones.
Referencias por orden de citación
Carlo Alberto Pinelli. Prólogo en: François Labande. Sauver la montagne. Ed: Olizane. 2004.
Roman Kezarnik. Último antepasado. Ed: Capitán Swing. 2022.
François Labande. Sauver la montagne. Ed: Olizane. 2004.
Eduardo Viñuales Cobos. Guía del turismo sostenible (II) Pirineo Central. Ed: SUA. 2025.
Samivel. Hommes, cimes et dieux. Ed: Arthaud. 2005.
Fiona Mille. Réinventons la montagne. Alpes 2030: un autre imaginaire est possible. Ed: Faubourg. 2024.